Kiri. Árbol milagroso?
Kiri. Árbol
milagroso?
Se presenta como el
árbol que puede salvar el planeta, sin embargo la realidad es muy diferente.
Por Víctor Fratto, Especialista en Áreas
Protegidas, Comunicación Estratégica y
Desarrollo Sustentable
Conforme se va tomando cada vez más conciencia sobre el
cambio climático, aparecen nuevas posibles soluciones al problema. Algunas con
firmes fundamentos científicos y otras…no tanto.
El Kiri es un árbol de origen chino que se caracteriza por
poder sobrevivir en suelos poco fértiles, rápido crecimiento y absorber una
gran cantidad de CO2 (Dióxido de carbono), uno de los principales gases de
efecto invernadero. Puede alcanzar los 27 metros de altura y tiene hojas de 40
centímetros de ancho.
También se le atribuyen propiedades como las de evitar la
erosión del suelo, mejorar la permeabilidad de éste y la retención hídrica.
Aunque esto también lo hacen otros árboles.
Este árbol crece naturalmente en los bosques templados del
sur de China. A principios del siglo XVIII se lo introdujo en Europa y en
América, más precisamente en Estados Unidos, en 1922. Luego se fue dispersando
hasta llegar a México, Colombia, Brasil y Paraguay. A nuestro país llegó en la
década del 60. La mayor superficie de forestaciones en Argentina se encuentra
en la provincia de Misiones.
La madera del Kiri es liviana como la madera balsa, pero
resistente a la vez. Es altamente resistente al fuego, ya que se quema entre
los 420 a 430°C. Si bien se la clasifica como poco durable, su durabilidad
natural al exterior, enterrada, se estima de entre 5 a 10 años. En ambientes
húmedos, pero no en contacto con el suelo, es durable.
¿Puede ayudar a
revertir el cambio climático?
Esta especie tiene una altísima tasa de crecimiento, por lo
que absorbe grandes cantidades de dióxido de carbono. Pero para mitigar el
cambio climático, no sólo se debe captar el CO2, sino también almacenarlo por
mucho tiempo como biomasa y materia orgánica en el suelo. Una madera tiene CO2
acumulado, y ahí estará hasta que la madera se pudra o se la queme.
Según la Dra. Georgina Conti (CONICET/UNC) “Las especies que
crecen rápido como el kiri, también liberan rápido el CO2, por respiración
cuando están vivas, a través de la rápida descomposición cuando están muertas. Un
quebracho que tenga más masa, si bien le llevó más tiempo acumularla, la
pérdida por respiración es mucho menor y se descompone más lentamente una vez
muerto”.
Potencial invasor.
El kiri, fuera del control que tienen las forestaciones
comerciales, se convierte en una amenaza ecológica, es agresivo e invade áreas
naturales debido a su rápido crecimiento y la ausencia de competidores y
enemigos naturales. Su alta tasa de crecimiento y adaptabilidad a distintos
suelos puede llevarlo a reemplazar a bosques nativos. Las invasiones vegetales
son tan peligrosas como las animales, siempre hablando de ambientes naturales.
El paraíso y el ligustro, en una casa o vereda, pueden dar muy buena sombra,
sin embrago en Parques Nacionales como El Plamar, Entre Ríos, ha reemplazado
gran parte de la selva ribereña. Al kiri debería prestársele la misma atención
que a cualquier potencial invasor. Una vez que se dispersa es muy difícil de
controlar.
Malas experiencias.
En 2008, en Estados Unidos se plantaron en Texas un millón
de kiris para recuperar suelos muy contaminados y agotados por la explotación y
los vertidos químicos. Diez años después, estos árboles invasores están
destruyendo los ecosistemas nativos de Maine a Florida y Texas, así como el
Pacífico Noroeste. Esta especie se considera invasiva en doce estados y en uno
de ellos, Connecticut, la venta de la planta está prohibida.
En 2018 Colombia lo declaró “de alto riesgo de invasión”.
Mientras tanto algunas provincias del norte argentino ya están en plan de
forestar con kiri para mitigar los efectos del cambio climático y la
desertificación.
Pareciera ridículo plantar árboles de otro país para
solucionar la desertificación que nosotros mismos provocamos haciendo un mal
manejo del suelo y talando bosques nativos para insistir con las prácticas del
monocultivo. Sería algo así como exterminar a los guanacos de la Patagonia y
luego introducir camellos porque nos hemos quedado sin grandes herbívoros
nativos.


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